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© Elizabeth Medina, 2006
RIL editores, Chile

Sampaguitas en la Cordillera
Reencuentro con Filipinas en Chile
fragmento


Santiago de Chile
15 de diciembre de 1990

....«Su abuelo andaba a caballo la última vez que lo vi».

....Me parecía haber visto a Ángel García en anteriores encuentros de la embajada filipina, aunque nunca había conversado con él. Esta vez, por casualidad, estábamos juntos en la fila de la mesa buffet. Charlaba distraída con la señora que me precedía, mientras empezaba a colmar mi plato con exquisiteces filipinas, cuando se me ocurrió salir de la fila, que apenas avanzaba, para ir en la dirección opuesta. En ese instante me di cuenta de que molestaba a un señor que estaba detrás de mí. «No debería hacer esto», dije, y escuché una voz: «Por favor, adelante, no se preocupe». Di media vuelta para ver quién había hablado: un hombre alto, esbelto, de aspecto distinguido. Le pregunté si era filipino.
....«Sí, claro».
....«¿Hace mucho que vive en Santiago?»
....«Oh sí, desde antes que naciera usted». Me pregunté:
¿cómo lo sabría?, ni siquiera se veía tan mayor.
....Él agregó, como si me hubiera oído: «Hace cuarenta años que estoy radicado acá».
....«¿Cómo es que llegó a Chile?» (...el confín del mundo.)
....«Es una larga historia. Mi padre llegó a Filipinas desde España y se casó con una filipina descendiente de españoles. Dos hermanos de mi padre habían emigrado a Chile, y yo me vine para acá también, después de obtener mi título en Filipinas».
....Nos fuimos con nuestros platos al salón, para seguir conversando al lado del enorme árbol de Pascua. Mi hija Tanya se había sentado en el suelo al lado de su papá, lista para saborear su primer plato de comida filipina.
....Pregunté a Ángel García dónde había vivido en Filipinas, y respondió:
....«Yo vivía en Currimáo y Laoag, en Ilocos Norte».
....«Mi padre nació en Dingrás», le dije, feliz de descubrir que teníamos algo en común.
....«Oh, Dingrás, Laoag y Currimáo están todos muy cerca entre sí».
....«Su apellido era Medina. ¿Ha oído usted hablar de los Medina de allí?»
....«Claro que sí: Medina era el gobernador títere de los japoneses».
....Mi corazón dio un salto.
....«¡Era mi abuelo!». Apunté mi dedo índice derecho contra la parte inferior de mi mándibula. «Ejecutado por la guerrilla, por colaborar con los japoneses. El gobernador electo se fugó por lo que él asumió el cargo».
....«Su error fue quedarse cuando llegaron los japoneses».
....«Lo que he escuchado en mi familia es que él pensaba que la gente estaría mejor teniéndolo como mediador con los japoneses».
....«Sí...». García musitó, como diciendo: Es lo que te hubieran dicho. De repente su rostro se iluminó.
....«¡Su abuelo andaba a caballo la última vez que lo vi! Debe de haber sido a fines del 44, poco antes de que empezaran los bombardeos... siempre lo veía cabalgando... sí, ahora recuerdo por qué me impresionó tanto: me trastornaban los caballos. No era más que un mocoso, tendría unos trece años. Él tenía una linda casa... no era mansión...».
....«Escuché en mi familia que su casa ocupaba una cuadra entera de la ciudad».
....«Ah, era preciosa»1.

1 En junio de 2000 conocí en Manila a mi tía Cely de Avellana, hija de Amparo Medina y el Dr. Trajano Bernardo (véase el árbol genealógico), quien a los doce años vivió en la casa de mi abuelo, poco antes de su muerte. Me contó que su casa se parecía a una casona de plantación y que en el sótano mi abuelo había escondido una colección de cientos de botellas de vino. Cuando ella le preguntó: «¿Por qué tantas botellas?», mi abuelo repuso: «Son para la fiesta que daré cuando llegue la Liberación».

....«Tenía caballerizas... (...decían que la noche de su muerte, los caballos se escaparon.)
....«Sí. La guerrilla incendió la casa cuando tomaron Laoag tras la retirada de los japoneses». Había un dejo de pena en su voz. «Era un hombre apuesto, de tez muy blanca; hablaba un español precioso. De hecho debió tener casi un cien por ciento de sangre española». García me apuntó con el dedo y exclamó: «¡Tiene que haber sido cuarterón!».
....«Era abogado y comentaban que a veces no cobraba a sus clientes. Se decía que tuvo uno de los primeros automóviles en Laoag». (Se comentaba de un Chrysler Imperial color negro, de los años treinta).
....«Muy probable».
....«...y que conoció al presidente Quezon y Quezon lo iba a visitar... (no quería exagerar)...u otros políticos».
....«Oh... Filipinas era así en esos tiempos. El yate presidencial de Quezon, la Casiana, ancló una vez en la bahía de Currimáo durante una visita a Ilocos. En esa ocasión mi papá se encontraba enfermo y el médico le había ordenado guardar reposo unos días, por lo que el presidente pasó a visitarlo a nuestra casa».
....Me tiré al agua...
....«¿Sabe?, quiero pedirle un favor. ¿Podría ir a verlo para conversar un poco más sobre este asunto? Me importa muchísimo».
....«Sí, ¿cómo no?». (Un caballero alegre y vivaz.)
....«¿Me permitiría grabar la entrevista?».
....«¡Por ningún motivo! Me pondría nervioso».
....«Quiero decir que la grabaría en casete de audio, no de video».
....«No, no lo podría hacer. Sería como subirme a un escenario, sentiría pánico».
....Estaba defraudada... por otra parte, lo principal era obtener cualquier información que me pudiera dar.
....«Muy bien», dije. «De todos modos me encantaría conversar con usted un poco más sobre este tema. Mi padre jamás me habló de mi abuelo ni de su familia».
....«¿Nunca ha estado en el norte?», preguntó Ángel.
....«Jamás. Cuando murió una tía mía, mis papás viajaron a Ilocos para asistir a su funeral. Me parecía un lugar tan lejano. Cuando volvieron, mi mamá hablaba de espíritus y de que a la vuelta a Manila, desde el bus, habían visto a una mujer caminando sola en el descampado a altas horas de la noche. Acá en el sur, en Isla Grande de Chiloé, la gente acostumbra a caminar sola de noche en los caminos, pero en Filipinas no se hace, ¿verdad? La gente de las zonas rurales no sale de sus casas de noche».
....«Sí, no lo hacen; en Filipinas la gente de campo es sumamente supersticiosa».
....«Y altiro se ponen a hablar de espíritus cuando ven cosas como una mujer andando sola, de noche, en el descampado... La familia de mi padre siempre fue un misterio para mí».
....«Le contaré con mucho gusto todo lo que pueda».

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