Yo quiero que canten y se rían, que de vuestros ojos
broten las luces del recuerdo y del amor; no lágrimas,
porque llevarán a mi alma sonidos de dolor.
No habrá distancia, en el día, en la noche o en la aurora,
ahí estaré; cada destello de luz o cada sombra me acercaré a vosotros al igual que ahora.
Qué dulces y risueños me serán esas eternas horas,
no necesitaré ni abrir mis ojos ni extender mi mano.
Nuestras almas se comprenderán en esa etérea conjunción
de amor; así los quiero sentir y ver, recordando los felices
momentos de ayer.
Yo no me voy; junto a vosotros estaré, y en cada noche
de armiño con los rayos plateados de la luna os besaré,
y con cada estrella que se encienda os miraré; no habrá
penas, y con la sonata de mis versos cantaré y en cada
blanca nube mi cabellera ondulante flotará.
¿Quién dice que la muerte es triste, oscura o tenebrosa?
Ella está llena de luz, cerca del cielo, del mar y de la tierra.
No hay clarines de guerra ni luchas ni tempestades
ni tormentas; sólo un dulce néctar de amor con nueva
vida y resplandores tornasol.