A. Barrientos

R. Carrillo

S. Gambito

C. Querrer

E. Guerrero-
Zacarías

J. Hernández
Gavira

Claro M.
Recto

I. Villafañe-
León


C. D. Maley

F. Perdomo

M. Matsumura

C. Zaffaroni

Main Page

Directory

Volume I
Sum./Ver.
2003


Volume II
Spr./Prim.
2004


Volume III
Wint./Inv.
04-05


Volume IV
Jan. 2006

Information

Comments/
Guest Book


Carayan Press
Home


Mi choza de nipa


Venid a mi alcázar, la frágil cabaña
que se esconde tímida tras un platanal.
Entrad con cuidado; es de nipa y caña,
pero es el santuario de mi soledad.

Cual los pocos sabios que en el mundo han sido
huyendo del mundo he hallado este edén
que brinda a mis carnes su calor de nido
y a mi alma consuelo, esperanza y fe.

Vivo aquí el recuerdo de mis juventudes,
me hacen compañía las aves, el sol,
la brisa que finge canción de laúdes
y el perfume de una difunta ilusión.

Melodía rústica, que suena en la hora
del ángelus, cierra el atardecer;
parece que reza, parece que llora
nostalgias queridas del tiempo que fue.

La noche que llora el morir del día
me sorprende a veces en el tosco umbral,
a sorbos gustando la dulce ambrosía
de instantes felices que no volverán.

En los plenilunios me llego al boscaje,
de ensueños henchida la imaginación,
y frente al milagro de luz del paisaje
me siento muy niño, más cerca de Dios.

Arriba es la gloria de soles que alientan
de los universos el firme avatar,
y en su peregrino esplendor me cuentan
los graves arcanos de la eternidad.

Es la confidente de mis hondas cuitas
la luna que baña de paz mi jardín,
trayendo a la mente memorias benditas
de aquellas andanzas de amor en abril.

¡Juventud que añoro! Pobre ilusión loca
que en mi alma dejaste destellos de sol;
mieles y rocío había en tu boca,
divinas ternuras en tu corazón!

Bajo el verde palio de los cocoteros
la dicha es morosa, el dolor fugaz.
Aquí sólo rigen del honor los fueros
y no turba el pecho el bastardo afán.

Muda oración santa alzándose al cielo,
la cima enjoyada por la Cruz del Sur,
es la azul montaña que finge mi anhelo
de paz, de sosiego, y de excelsitud.

Cuando de las aves escucho los cantos
en la hora radiante del amanecer,
pienso que este mundo no es valle de llantos
y que la existencia es supremo bien.

Ciudad, madriguera de lobos humanos,
que nutres y alientas la codicia vil,
no vales el pájaro que ronda mis llanos,
ni la rosa humilde que hay en mi jardín.

Entrad en mi tímida y frágil cabaña
que alcé con cariño tras un platanar.
Mi choza de nipa, mi choza de caña
os dará un tesoro: el alma natal.


Arriba


Copyright ©2006 Carayan Press

English translation: Alfredo S. Veloso
My Nipa Hut


Come to my castle, the fragile hut
that timidly hides behind a banana grove.
Enter with care, ’tis of nipa and bamboo,
but ’tis the sanctuary of my solitude.

Like the few that in the world have been sages,
fleeing from the world I have found this Eden
that offers to my flesh the warmth of a nest
and to my soul, consolation, hope and faith.

Here I live the memory of my youth,
the birds, the sun, keep me company,
the breeze that feigns songs of praise
and the perfume of a dead illusion.

Rustic meoldy, that sounds at the hour
of the Angelus, closes, twilight;
it seems to pray, it seems to cry
beloved nostalgias for the time gone by.

The night that weeps the death of day
surprises me at times on the rough threshold,
savoring in sips the sweet ambrosia
of happy instants that shall not return.

On full moons I reach the woods
with imagination overfolwing with dreams
and before the miraculous light that is the landscape
I feel very much like a boy, nearer to God.

Above is the heaven of the sun that encourages
the firm upheaval of universes,
and in their pilgrim splendor they tell me
of the great mysteries of eternity.

Confidante of my profound plaints
is the moon that bathes my garden with peace,
bringing to mind blessed memories
of those escapades of love in April.

Youth that I yearn! Poor mad illusion
that left in my soul scintillations of the sun;
honey and dew there were in your lips,
divine tenderness in your heart!

Beneath the green canopy of the coconut palms
happiness is slow, sorrow fleeting.
Here only the laws of honor prevail
and bastard desire disturbs not the chest.

Mute, saintly prayer rising to heaven,
the summit bejewelled by the Southern Cross,
is the blue mountain that feigns my yearning
for peace, serenity, and sublimeness.

When from the birds I listen to songs
at the radiant hour of dawn,
I think this world is not a vale of tears
and that existence is good supreme.

Oh city, lair of human wolves,
that nourishes and thrives on vile greed,
you are not worth the bird that serenades my plains,
not the humble rose that in my garden is.

Enter into my timid and fragile hut
that lovingly built behind a banana grove.
My nipa hut, my bamboo hut
will give you a treasure: the native soul.

Arriba