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Celos


Bajo el arco de los cielos,
En campo de labrador,
Riñeron por locos celos
Una espiga y una flor.

Porque la espiga decía,
Orgullosa de poder
Y de su valer fecundo,
Que cada espiga valía
Lo que pudieran valer
Todas las flores del mundo.

Y sostenía la flor,
De indignación purpurada
Ante tan grave desdoro,
Que una flor valía por
Toda la tierra colmada
De espigas de plata y oro.

–Yo, proclamaba la espiga,
Llenándose con su nombre,
Soy la amada y soy la amiga
De las aves y del hombre.

–Soy la que implora del cielo
En su oración y su afán,
Porque soy para su anhelo,
Vida y pan.

Y respondía la flor:
–¡Yo soy esencia y quimera,
Mariposa de color
Abierta en la primavera!
–El hombre conmigo parte
Cuanto de noble hay en él:
¡Soy la belleza y el arte!
¡Soy el perfume y la miel!

Y replicaba la espiga
con vibraciones de garra:
–La vida es labor de hormiga;
¡La tuya, es de cigarra!
Más que humana, soy divina
Cuando mi tallo se inclina
Al caer bajo la hoz,
Y Dios bendice mi harina,
¡Porque en ella me hago Dios!

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Copyright © 2004 Carayan Press

Y respondía la flor:
–En mi eterno florecer,
Dulce lirio o níveo azahar,
Soy el pudoroso amor
Que acompaña a la mujer
A las gradas del altar.
–A nadie le causo enojo:
Me abre la luz de la luna;
Mi misión es renacer;
Y cuando al fin me deshojo,
Dejo un ángel en la cuna,
Y hago santa a una mujer.

Y la espiga al responder,
Puso fuego en su decir:
–¡Yo soy la razón de ser
Y la razón de existir!
Dios en sus manos me pesa:
Y me vienen a rezar,
¡Los hombres, ante la mesa!
¡El ángel, ante al altar!

Y dijo la pobre flor,
Consternada de dolor:
–Se diga lo que se diga,
Palabras que al viento van;
¡Porque el hombre, santa espiga,
No sólo vive de pan!
Y en la vida dolorosa,
Al nacer de cada día,
Y al morir de cada rosa,
¡Tú eres la mísera prosa!
¡Yo, la divina poesía!–

Juzgaron almas amigas
Las razones enemigas,
Votando, conciliadores,
Los Santos, por las espigas.
Los poetas, por las flores.

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